jueves, 15 de enero de 2015


Retrato del emperador, obra de Tiziano
 
 

La amalgama que salvó a Carlos


Es bien sabido que Carlos I de España y V de Alemania, el poderoso emperador que protagonizó gran parte del siglo XVI, pasó toda su vida guerreando contra sus numerosos enemigos, notablemente el rey de Francia, Francisco I, el sultán otomano, Suleimán “El Magnífico” y los príncipes electores alemanes. También son célebres sus problemas para financiar las interminables guerras que llevaron a España al borde de la quiebra a finales de su reinado. Es menos conocido, sin embargo, como la amalgama de mercurio salvó al emperador de un desastre todavía mayor pocos años antes de su fallecimiento.
Hacia 1550, la extracción de plata en las colonias de América, concretamente en el Virreinato de Nueva España, estaba literalmente en las últimas ya que las mejores explotaciones estaban agotadas y muchas de las menas disponibles gozaban de una ley tan escasa que no eran adecuadas para la fundición. La escasez correspondiente en el suministro de plata hacia la metrópoli estaba poniendo contra las cuerdas al emperador, que necesitaba un flujo creciente del mineral procedente del Nuevo Mundo para pagar sus cuantiosas deudas. La situación estaba llegando al límite cuando Bartolomé de Medina, un próspero comerciante sevillano, decidió viajar a América para poner en marcha un procedimiento secreto para extraer la plata que, al parecer, le había transmitido un misterioso artesano alemán.
Como era de esperar, el ansioso emperador mostró de inmediato el máximo interés por el viaje del comerciante quien, tras mucho experimentar, en 1555 dio con el método que llegó a conocerse como “beneficio del patio”, en el cual el mineral de plata pulverizado se mezclaba durante semanas con salmuera y mercurio en grandes patios con ayuda de caballos y otros animales. Después, la amalgama resultante se calentaba en hornos que separaban el mercurio de la plata. El  éxito del nuevo procedimiento resultó espectacular, extendiéndose su aplicación por todo el virreinato, así como más tarde sobre el Perú. Como resultado de ello, la producción anual de plata en las colonias se disparó, multiplicándose por 15 en el transcurso de los siguientes cuarenta años. Como los españoles tenían el cuasi-monopolio del mercurio debido a la posesión de las minas de Almadén, que en aquella época producían la práctica totalidad del metal líquido que se obtenía en el planeta, el nuevo método de extracción de la plata permitió a los españoles continuar financiando sus guerras europeas.
Carlos V, que ya estaba viejo, pudo por fin respirar un poco, aunque se vio obligado a transferir el control de la gran mina de cinabrio a los banqueros alemanes Fugger durante algún tiempo, ya que como efecto secundario, y al margen de provocar una inflación monetaria galopante en el continente, la que fuese una de las innovaciones tecnológicas más trascendentales de aquel siglo ocasionó que se disparase la demanda de mercurio. En cualquier caso, el emperador pudo salvar la cara durante algún tiempo, aunque falleció un par de años después dejándole a su hijo Felipe una herencia envenenada, plagada de deudas y donde todos los ingresos previstos de la corona se encontraban comprometidos de antemano. En cuanto al “beneficio del patio”, siguió utilizándose durante siglos, contribuyendo a sostener las maltrechas finanzas de la corona mientras mantenía a legiones de trabajadores en régimen de semiesclavitud. A pesar de todos los avances tecnológicos, el procedimiento se ha perpetuado hasta nuestros días, siendo utilizado habitualmente en la Amazonia, con el consiguiente perjuicio para el medio ambiente debido a la toxicidad inherente al mercurio, un elemento químico que salvó a un imperio y permitió a un viejo gobernante seguir pagando sus deudas.
¡Hasta la próxima!

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